San Mauro Abad
Vivió Mauro en el siglo VI. Fue discípulo de San Benito desde la tierna edad de 12 años, aunque esta corta edad no era impedimento para que el chaval pareciese un adulto. Su entrega a la voluntad de su maestro, siguiendo a rajatabla las costumbres monásticas, despertaban la admiración de todos los que lo conocían.
El mayor deseo de nuestro joven monje era imitar a su maestro, San Benito, y así lo hacia en ayunos, vigilias, penitencias, oraciones y perpetua mortificación. Ocurrió que, un día, un devoto obispo francés, pidió a San Benito algunos monjes, para que fundaran en su diócesis un monasterio benedictino. Benito no dudó un instante y le envió a su discípulo más querido y mejor preparado, nuestro Mauro, que se puso inmediatamente en camino.
Permaneció en Francia 40 años, hasta su muerte cuando contaba ya con 72 años. Pero su cuerpo no permaneció en tierras francesas por mucho tiempo porque, cosas de la historia, su cuerpo vino a descansar a nuestra tierra extremeña y, más concretamente, a la villa de Almendral, aquí en la provincia de Badajoz, donde este santo es venerado como patrón y hoy se celebra una gran fiesta en su honor.